Optimismo
Ser optimista: aprender a disfrutar
Puede que no resulte evidente, pero una actitud de optimismo frente a
la vida va a mejorar nuestro estado de salud. Además, evidentemente, de
mejorar nuestras relaciones sociales, rendimiendo laboral, relación con
la pareja, etc.e contacto.
Nuestra actitud frente al mundo, frente a las diferentes situaciones en las que nos podemos encontrar, frente a la gente con la que nos relacionamos, etc., viene condicionada en cierta medida por factores genéticos sobre los que poco podemos hacer. Pero también hay un importante factor cultural, aprendido, que podemos ir modificando. Desde la infancia aprendemos como debemos reaccionar ante todos los estímulos externos, y durante este aprendizaje puede que no siempre tomemos el camino más adecuado. Ahí entra en juego la necesidad de ser optimista frente a la vida. Dependiendo de cada uno va a ser una actitud que requiera de un mayor o menor esfuerzo, pero siempre va a merecer la pena que lo realicemos.
Ser razonable y realista con los niveles de autocrítica, no empeñarse en ver únicamente los aspectos negativos de cualquier situación, razonar buscando explicaciones y huir de los bucles de autoreproche. Todas estas, y muchas más, serán actitudes que nos va a ayudar a mejorar nuestro optimismo frente a la vida diária. A ir abandonado poco a poco ese pesimismo crónico que en ocasiones puede llegar a atraparnos, o por lo menos a limitar las actitudes pesimistas en lo posible.
¿Y qué beneficio nos aporta una visión optimista de la vida? Son realmente variados, y en ocasiones insospechados. La salud general mejora: uno se vuelve más activo y resistente frente a las adversidades, tanto físicas como psicológicas. El rendimiento en casi cualquier aspecto aumenta. Aumenta el nivel de autoconfianza, lo que repercute positivamente en las labores de toma de decisiones. Aumenta la creatividad. Se valora más positivamente lo que nos rodea, y mejora la relación con los demás
|